Por todos es sabido que Internet es una herramienta no solo cada vez más habitual, sino que está consiguiendo sustituir otros muchos medios que antes se empleaban de una manera necesaria e inevitable y que a día de hoy son totalmente prescindibles.
Diccionarios, libros de consulta en bibliotecas, manuales en formato físico e incluso la pregunta al “padre que todo lo sabía” o al “tito experto en la materia por su trabajo” carecen de sentido desde que en la web está toda la información posible y necesaria.
Las formas cambian inevitablemente, los apuntes ya no se toman a mano, y no se prestan ni se pasan a limpio por no entender la letra, los apuntes, ahora, se cogen a ordenador y se suben a una nube a la que todo el mundo puede acceder.
Wikipedia da definiciones, fechas y soluciona problemas. Recursos hay por doquier y con solo poner unas palabras en Google aparecen miles de entradas donde seleccionar lo que se busca e incluso a veces lo que no.
Hoy ya no hace falta comprar el periódico, basta entrar en la página web para estar informado, es más, nos encontramos en la era de la información, por la interconexión existente, por la posibilidad de comunicarse con la otra parte del mundo con una rapidez no pensada. La era contemporánea murió con el nacimiento de Internet a finales de los años 50. Por aquel entonces quizá se escapaba de la imaginación hasta donde llegaríamos.
Leemos por Internet, vemos cine por Internet (o al menos si nos dejan…), hablamos por Internet, y algunos incluso viven por Internet. No es necesario ni leer las instrucciones que nunca fueron abiertas, Youtube te proporciona un tutorial. Para leer mapas no hace falta hacer un máster de orientación, es sencillo con Google maps y viajar se hace posible sin moverse del sofá con Google Earth.
Las ventajas son claras, no es muy necesario hacer un análisis en profundidad. Información, rapidez, contraste, recursos, conocimientos a tan solo un clic. Pero… ¿qué ocurre con los inconvenientes?
Dicen las voces populares (que hoy solo se leen en Twitter) que los extremos no son buenos, y en ocasiones todo este complejo mundo, que tan solo empieza a abrirse ante nosotros, puede resultar tan útil como peligroso. “Todo al alcance de todos” rompe reglas, el acceso por parte de cualquiera a la información que se publica puede ser tanto un beneficio como un hándicap. La privacidad se pierde y en ocasiones se vuelve en nuestra contra. Por otro lado la posibilidad de modificación de información en lugares como “Descuadrando” o “Wikipedia, la enciclopedia libre” en manos de todo usuario trae como consecuencia la información sesgada. Es obvio que no podemos dejar de usar algo por el riesgo que conlleva, se trata de “saber dar uso a las herramientas de que disponemos” de “cerciorarse hasta qué punto la información es veraz”.
Por otro lado a pesar de la existencia de Internet de forma innegable en todos los sectores, en todos los ámbitos, aun no estamos preparados para todo lo que se nos ofrece. La enseñanza debería estar orientada a la instrucción sobre como emplear todas las posibilidades que la red ofrece. Es necesaria una modernización por parte de todos y con la colaboración de todos. Y es por ello que el hecho de disponer de asignaturas que la fomente facilita la adaptación a las exigencias de la sociedad que impera. Así el sistema llamado PLE consigue cumplir las espectativas de los que pensamos que la modernización es cuanto menos, necesaria. “Los niños nacen con una barra de pan en un brazo y un móvil en la otra, como prolongación de su cuerpo”, lo importante es saber cómo emplearlo. Y que se les enseñe a hacerlo.
Facebook, Tuenti, Twitter, son formas de comunicación efectivas, son medios de interacción eficaces y fuentes de información inagotables, pero se trata de un arma de doble filo y es por ello que hay que saber usarla bien para que no nos salga “el tiro por la culata”. Modificamos los comportamientos por “el que dirán”, condicionamos nuestras actuaciones, nuestras opiniones, nuestros deseos a lo que marca la tendencia, al TOP TEN de las masas. ¿Quiénes somos?
En conclusión, todo tiene un coste de oportunidad, el empleo de todos estos recursos es un sueño hecho realidad que conlleva renunciar a en ocasiones a relacionarse, a formar grupos de trabajo en lugares físicos, a jugar en la calle en lugar de frente a la pantalla. Lo importante es saber poner límite, y lo difícil saber donde hallarlo.

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