domingo, 15 de julio de 2012

LA GENTE YA NO LUCHA

¡Por lo que es nuestro!


La gente del siglo pasado, echaba el jornal bajo el sol hasta quemarse, la tez era morena, negra como el carbón y no de tumbarse a la orilla de un mar lleno de cuerpos delicadamente poco trabajados.
La gente del siglo pasado, cuando no sabía sumar por falta de ir a la escuela, hacía números con los dedos y  se servía de la “cuenta la vieja”, firmaban con un garabato y sabían leer el alma en defecto de saber leer el periódico.
La gente del siglo pasado, cuando llegaba de la calle hacía un puchero o un caldo, las hamburguesas con suerte eran de la matanza y la comida rápida era la de mamá que volaba por tener todo a tiempo.
La gente del siglo pasado, debía echar media hora andando, de ser afortunado, hasta el taller o el campo.
La gente del siglo pasado, trabajaba hasta tener callos, ya fuera en las manos o la mente, lo contrario no lucía.
La gente del siglo pasado se quejaba de hambre y no de la carencia de lugares de fiesta.
La gente del siglo pasado se secaba las lágrimas con los puños llenos de tierra en vez de pretender limpiarse el trasero con fajos de billetes.
La gente del siglo pasado iba al cine con dos reales, y tenía una sonrisa para toda la semana.
La gente del siglo pasado se escribía cartas en papel desde “la mili” y las guardaba como oro en paño.
La gente del siglo pasado comía con las manos sucias y los niños no se ponían malos.
La gente del siglo pasado se asombra de vivir en el siglo XXI y que el mayor avance sea un móvil que todo lo hace, un microondas que todo lo calienta.
La gente del siglo pasado cree que si no hay noticias de la familia lejana es que todo anda bien.
La gente del siglo pasado quiere ir andando a los sitios y no entiende aquello de trasnochar.
La gente del siglo pasado llora porque en pleno cambio de era, ya nada es lo que era, dice que hemos olvidado que “a Dios rogando y con el mazo dando”.
La gente del siglo pasado no guarda en el recuerdo batallas perdidas sino guerras ganadas.
La gente del siglo pasado hablaba del honor como lo último que se ha de perder, de la dignidad como principio y de los logros como fruto del esfuerzo.
La gente del siglo pasado no hacia tratos en inglés pero la mejor firma era un apretón de manos.
La gente del siglo pasado sembró sudor para que recogiésemos los frutos que hoy se pierden entre aquellos que supieron aprovecharse.
La gente del siglo pasado pide que nos indignemos porque se llevan sin miramientos lo que un día ellos soñaron para sus nietos.
A la gente del siglo pasado le tiembla la voz y las piernas… le tiembla el pulso por la edad, pero no los argumentos. Y claman porque saquemos provecho de todo lo que es nuestro por su labor.
La gente del siglo pasado cree que todo está en nuestras manos y sin embargo… que hoy, ya nadie lucha.
¡Por la gente de nuestro siglo que aun no ha olvidado lo que es luchar! ¡Por lo que es nuestro!