Si escribes en “tito google” como algunos lo llaman, las palabras: “crisis, autónomos y hostelería” aparecen un sinfín de artículos, de opiniones, de historias destruidas, de locales cerrados, alquilados, embargados. Parece que abundan como diría el maestro Joaquín Sabina, “los bulevares de sueños rotos”.
Era de prever, se oye en el refranero popular que Dios aprieta pero no ahoga, y sin embargo la crisis económica ha asfixiado sin remedio a un sinfín de autónomos que un día creyeron poder superar cualquier bache.
En el periódico de siguiente, por mencionar uno entre un millón, con fecha de 08 de marzo de 2012 se lee: «Los autónomos no aguantamos más. La situación ha pasado de ser preocupante a ser insostenible».
En otro diario al tratar el tema de los autónomos se manifiesta el fuerte descenso experimentado por los mismos, los sectores afectados y entre ellos se habla de la hostelería.
Por último en “el confidencial” a 25 de agosto de
2011, en pleno periodo estival, y precisamente cuando menos parece estar el
tema del sector hostelero y su crisis a la orden del día, se publica un
artículo que lleva por título: “Nadie se salva de la crisis: 3.221 bares han
cerrado en el último año.”
http://www.elconfidencial.com/economia/2011/08/25/nadie-se-salva-de-la-crisis-3221-bares-han-cerrado-en-el-ultimo-ano-83193/
Según se extrae de este texto, “Con junio son ya 38
meses consecutivos (desde abril de 2008) en los que las ventas de bares,
restaurantes y demás empresas que integran el sector hostelero de la
restauración registran tasas interanuales de evolución negativa y su
acumulación pone en evidencia el agujero en el que este sector
está inmerso”
Así, y asomándome al “agujero del sector”
distingo en el recuerdo varias cosas que os vengo a contar:
Dicen que la ilusión no da de comer, que los
retos son buenos pero que más vale pájaro en mano que ciento volando y que en
ocasiones los sueños, mejor dejarlos dormidos, o si se está despierto,
dormirlos.
A él todas la habladurías y consejos, como se
dice, por un oído le entraron y por otro le salieron. A él de poco le sirvieron
los avisos. A mi padre, un día le pudo la ilusión y decidió dejar todo por su
proyecto.
Por aquel entonces, las expectativas parecían
buenas, la economía no se encontraba en la desastrosa situación de años
venideros, y a pesar de la estabilidad que supone un trabajo fijo, en ocasiones
es otra paz la que se busca: “la de emprender y conseguir los objetivos”.
Con 44 años, una hija y una mujer, abandonó casi 30
años de trabajo en el sector automovilístico y solicitó la baja incentivada de
su empresa, o lo que es lo mismo “pidió la cuenta” para verse inmerso durante
años en un mundo de cuentas y ajustes para más sobrevivir que vivir.
Las cifras fueron las siguientes:
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INCENTIVO,
11.000.000 DE Ptas. (66.000 euros) ( HACIENTA SE LLEVA 980.000 PTAS DE LA
INDEMNIZACIÓN (5890 euros))
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PRESTACIÓN
POR DESEMPLEO EN UNA SOLA VEZ, PARA LA CREACIÓN DE UNA EMPRESA. 1.800.000 Ptas. (10.818 euros).
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PRESTAMO
PERSONAL: 13.000.000 Ptas. (78.131 euros). Este se avala con
la vivienda del domicilio familiar y el local adquirido para el negocio.
El local para la
instalación y creación del proyecto supone
12.500.000 Ptas. (75125 euros) Era un precio asequible, pero había que
acondicionarlo todo, así la habilitación, obras y diversas reformas sumarán la
cuantía de 7.000.000 Ptas. (42.070 euros).
El personal de la
empresa, incluido el propietario y director sería de 7 personas. Parecía
demasiado, parecía un número excesivo para las dimensiones del establecimiento,
y sin embargo el lema del “el jefe” siempre fue el mismo: “las cosas bien
hechas, siempre estarán bien hechas”. Lo que Antonio no sabía, es que se
avecinaban tiempos difíciles.
Con toda la ilusión de
que puede disponer una persona, y con todo el apoyo que puede darle su familia,
abrimos el negocio “MESÓN RESTAURANTE LA TERTULIA” un 15 de enero de 2002. Detrás de la
puerta había empleados, retos, deudas por el stock de inicio, compra de víveres
y resto de material como menaje, bebida etc, dudas, inexperiencia y un sinfín
de Hándicap. Pero “hay una fuerza motriz más poderosa que cualquier otra: la
voluntad” y de eso… de eso sobrará por todos los rincones.
Durante el periodo que
trascurre desde 2002 a
2009 se van difiriendo pagos, seguridad social de trabajadores y autónomos,
deudas a los proveedores etc. Sin remedio y viendo “los dientes al lobo” que
llevaba escondido en el desván desde que todo se inició se hace imprescindible
renegociar el préstamo en dos ocasiones hasta llegar a una valor de 30.000.000
Ptas. (180.000 €).
Durante los años 2002
al 2007, se hizo una apuesta de ilusión sobre el negocio, ya que la clientela:
el 80% son empresas y sólo el 20% público de a pie y familias en días
puntuales, dan una respuesta satisfactoria de la oferta; pero el volumen de
negocio es insuficiente en el día a día. Llegando a acumular no solo las deudas
bancarias, sino también:
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La Seguridad Social, alcanza los 2.650.000 Ptas. (15.926,82 €),
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Autónomos, 2.150.000 Ptas. (12.921 €).
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Los intereses bancarios son leoninos, la
póliza de crédito es anulada.
En una caída en picado
ya no sólo económica sino anímica todo lo construido parece a punto de irse a
pique. Se generan intervenciones en todas las cuentas bancarias, embargos de la
nómina de mi madre, vehículo de la empresa, y por último cortes del suministro
eléctrico del negocio y del hogar
familiar.
Lo que parecía un
proyecto sostenible se convierte en un proyecto que sostener, más ya a consta
de la salud del dueño que de cualquier otra cosa. El cansancio se acumula y las
dificultades aparecen hasta debajo de las baldosas que lejos de contener
billetes contienen deudas interminables.
De esta manera y ante
la imposibilidad de seguir con las formas previstas en el negocio, por la quiebra del mismo, es necesario el
despido de trabajadores e indemnización, con el consiguiente agravante para
poder hacer frente al pago del mismo, consiguiendo que este pueda hacerse en varios plazos.
En enero de 2009, en
plena crisis económica, y con la que estaba cayendo se apuesta por un cambio en
la orientación del negocio, convirtiéndolo en un Mesón Taberna, adaptándolo así
a la demanda del público de la ciudad y del entorno.
Mi madre y yo, que
habíamos cogido cariño al restaurante, que más que nadie estuvimos allí día
tras día junto a un hombre que estaba más agotado por sortear obstáculos que
por los años, nos negábamos a volver a empezar, nos negamos “al cambio” y
oponíamos resistencia a otro comienzo ahora con menos ganas, recursos y sobre
todo con menos posibilidades por la situación en que poco a poco se iba viendo
implicada la encomia global.
Pero de nuevo a mi
padre no le fue suficiente con todos las señales que le decían que lo mejor era
abandonar, él no creyó en “los planes secretos de las cosas”, él fue la primera
persona que me mostró que LOS ÚNICOS PLANES SECRETOS QUE VALEN, SON LOS DE LAS
PERSONAS.
Y así, durmiendo lo
justo para mantenerse en pie, y así
agotando su fuerza: habilita una barra para clientes y cambia ciertas
estructuras del local, todo de forma artesanal, todo sin contar con ayuda
externa, demasiado cara e imposible de costear.
Eliminan teléfonos,
Internet, seguros de la vivienda familiar, calefacción del hogar y todos los
gastos suntuarios.
Elimina los malos
recuerdos, innova, crea, se ilusiona día tras día, triunfa como empresario
autodidacta pues logra situarse a la cabeza del sector, logra superar una
crisis interna en plena crisis externa y logra organizar
un negocio sin tener experiencia en ello. Triunfa como cocinero autodidacta,
pues tiene un don quizá heredado, para inventar tapas cada viernes, para poner
un poco de sus ganas en cada comida, en cada guiso. Y por último triunfa como
padre autodidacta, que junto a mi madre, y sin un manual que le dijera como
hacerlo, me ha enseñado que la perseverancia, que la superación, que el triunfo
y la consecución de objetivos depende de uno mismo. Y que si uno cae lo que más
valor tiene es saber levantarse, por más que pese lo que nos haya tirado al
suelo.
Desde el año 2009 hasta
hoy, se comienza a remontar lentamente,
con el nuevo tipo de oferta, pudiendo ir haciendo frente a las deudas de
proveedores y Seguridad Social de trabajadores acumulada, así como la de
Autónomos. En julio de 2011, se liquidan estas deudas y a finales de año las de
proveedores.
Al día de la fecha
queda el préstamo personal a pagar durante un periodo de veinte años en
mensualidades.
No obstante para mí,
él, Antonio Villar, ya ha triunfado.