Dicen los típicos tópicos, que
todos llevamos un niño dentro. Hoy yo he sentido que la antigua infancia se
olvidaba de toda discreción y borraba de mi
todo atisbo de mujer.
Por un día, sentí que la mayor
preocupación era que terminara la atracción, que la siguiente estuviera cerrada…
por un día, solo me agobiaba esperar más de un minuto.
Tan solo de vez en cuando asomaba
la persona mayor que tenía en cuenta tonterías como el precio del menú o el constipado
del día siguiente. No obstante, enseguida se olvidaba:
Había que explorar la cabaña de Robinson,
observar a un calamar gigante o meterse en una cueva con piratas para protegerse de la nieve. En la prisa
por no llegar tarde a la próxima aventura nos perdimos el laberinto de los
mundos de ensueño de una niña, nada que un abrazo de Mickey no pudiera
solucionar. En las ganas de hacer un recorrido por países de muñecas
incansables contemplamos la nieve cubrir Disney y nos pudo la ilusión con que
se fabrican los sueños.
Sobrevolar Londres de la mano de
un niño volador fue tan posible como cabalgar sobre potros de madera encerrados
en un carrusel eternamente. Aladino nos mostró como pasar de don Nadie a don
Juan con tan solo saber aprovechar lo que se tiene entre las manos. Y del viaje
con los siete enanitos pasamos a ver que al que miente le crece la nariz.
El frio congelaba las ideas pero
no las ganas, y con un charco en los zapatos y un polo por nariz caminamos de
tierras de vaqueros a naves espaciales, de punta a punta de nuestros recuerdos.
Y sin comerlo, pero con la barriga llena, y sin beberlo pero con agua hasta en
los bolsillos nos atrapó el reloj de pulsera, inundando el final de nuestra
jornada con espectáculos y fuegos de artificio, y el reloj interior, devolviéndonos
de golpe al rincón escondido donde el adulto andaba oculto y a la espera.
Ahora toca morir en la ducha de
agua hirviendo, en la manta y en la cama. Que mañana… mañana será otro día, y hay
que hacer cosas de provecho. De momento hoy seguiré soñando lo que no me ha
dado tiempo a soñar despierta.
